Aquí, cada elemento —la mesa de trabajo, el mostrador, los estantes— se piensa como parte de una misma historia. Las lámparas originales conviven con el amarillo de la marca, símbolo de energía y vitalidad. El resultado es un espacio que no busca reproducir el pasado, sino activarlo desde el presente, como una escena entre Mad Men y una película de Ettore Scola: diseño, memoria y oficio compartiendo un mismo plano.
Un obrador que devuelve el pulso de lo artesano al centro de Madrid.