Todo el espacio está vestido con cuadro vichy en blanco y negro, tan castizo como un paseo por Lavapiés en mayo. Y como buena fiesta que se precie, no faltan los flecos plateados, que caen con arte y salero —al más puro estilo chulapo, ¿dónde vas con mantón de Manila, cariño mío?—, como guirnaldas que aún se resisten a desaparecer, dejando claro que aquí la verbena no se olvida tan fácilmente.